Dime con quién andas

Hay frases que, dependiendo del estado de ánimo, te llegan más que otras. Hace unas semanas leí la siguiente frase de Jim Rohn, “somos la media de las cinco personas con las que pasamos más tiempo” de alguna manera me tocó, mi cuerpo sintonizó con la cita, y cuando eso sucede, es una señal inequívoca de que necesito desarrollarla.

Lo primero que me recordó fue la expresión popular “dime con quien andas y te diré quién eres“. Es un hecho bien sabido, que la gente con la que pasamos más tiempo, puede revelar mucha información sobre nosotros mismos, pero ¿a qué se debe esto?

El ser humano es social por naturaleza

Aristóteles

Como seres sociales que somos, más allá de nuestra individualidad, sentimos la necesidad de pertenecer a un grupo, ya sea a través de los amigos,  de un equipo de fútbol, de la empresa , de un barrio, de una marca de cerveza o cualquier otro interés.

Esa necesidad de pertenencia esconde tras de sí un miedo, el miedo al rechazo. Ese que pone en riesgo nuestra identidad a fin de continuar en el grupo. ¿Quién alguna vez no ha callado su opinión o aceptado otra por válida de la que no está de acuerdo por miedo a salirse del grupo? Esto pasa tanto entre amigos, cuando se hablan de temas complejos, como política o religión o en empresas durante las reuniones o con los compañeros. Este miedo es natural, ya desde pequeño, en clase, cuando alguien levantaba la mano para responder una pregunta y el resto de la clase se burlaba de él o le impedía ejercer más comentarios, se intentaba que nadie destacara por encima del otro. Esta necesidad de pertenencia unida a una baja autoestima puede ser muy perjudicial para el desarrollo de nuestros talentos.

Ya en los años 50 se realizó un estudio que se ha repetido en diferentes ocasiones, con el resultado de que las personas en su mayoría, son capaces de ajustar su respuesta a las del grupo, por ser igual y no querer ser mal vistos, aunque creamos que no sea la respuesta correcta. Les dejo extracto del experimento de Asch.

Es evidente que la gente con la que pasamos tiempo nos influye al igual que nosotros influimos en ellos. Ahora bien, habría que ver si esa influencia es positiva, que nos potencia y nos hace desplegar lo mejor de nuestro ser, o por el contrario si la influencia es negativa, que nos limita y nos lleva a la conformidad por resignación.

Características de un circulo de influencia potenciador o limitador.

CÍRCULO POTENCIADOR

  • La gente escucha más que habla
  • Se debate con respeto
  • Te preguntan por tus proyectos y sueños
  • Se alegran por tus éxitos y te refuerzan positivamente
  • Te dejan expresarte libremente y no te juzgan
  • Practican el agradecimiento sincero y destacan tus habilidades

En definitiva, gente que te hace sentir especial y donde tú te sientes en tu hábitat natural, que todo fluye, no tienes que demostrar nada.

CÍRCULO LIMITADOR

  • La gente habla más que escucha
  • Se discute más que debatir
  • No te preguntan por tus proyectos ni sueños
  • No existe refuerzo positivo alguno, o si existe no lo percibimos de una manera sincera. Puede que se esconda une sentimiento de envidia
  • Te tienen etiquetado y te suelen juzgar
  • Practican la crítica y la burla

Te sentirás que todo funciona como de una manera más jerarquizada, con roles y que más que tu esencia, sacas a relucir tu personaje en lugar de tu persona.

Pregúntate por un momento, si tú estás en el bando de los que potencian o de los que limitan. Obviamente te costará verte en el bando limitador pero si haces un ejercicio profundo, puede que sin darte cuenta estés actuando como tal.

Podemos pasar años metidos en grupos en los cuales no compartimos muchas de sus opiniones e incluso intereses y nos sentimos resignados pero lo aceptamos porque necesitamos al grupo. Esta tendencia al conformismo nos hace ser cada vez más sedentarios, con menos iniciativa, y a llevar una vida poco coherente, es más, empezamos a generar creencias limitadoras, tales como, “la coherencia es imposible”, “hay que aceptarlo porque a todo el mundo le pasa lo mismo”,”es lo que me ha tocado” y así, sin darnos cuenta vamos rodeándonos de pensamientos y comportamientos que inhiben a nuestro héroe interior, ese que cree que un mundo mejor es posible, que cree en el camino hacia lo utópico, ese soñador. Podemos acabar con nuestros sueños, o lo que es peor, silenciar a nuestro niño interior.

Hemos venido al mundo a destacar, a entregar nuestros sueños y nuestras ideas a los demás, no solo para contribuir a un mundo mejor sino para tener una vida que valga la pena ser vivida, dar ese sentido a la vida, desarrollarnos como personas y plantar en los demás semillas de esperanza y de bondad y no de resignación o conformismo. ¿Y tú? ¿estás sembrando, esperanza o resignación?. 

Si embargo, hay una lectura positiva en todo esto y es que, sea cual sea tu círculo de influencia, estás a unas horas de poder cambiarlo, si crees que ese círculo te está limitando.

Somos quien elegimos ser, y por lo tanto, con quien elegimos estar

No tienes por qué cambiar de trabajo, de amigos, ni mudarte de casa, ni dejar a tu pareja, lo que quiero decir, es que el cambio está en ti, si tu empiezas a verte como esa persona que quieres llegar a ser, te darás cuenta de que muchas limitaciones están dentro de ti y con solo cambiarlas harás que el resto cambie.

Empezar por comunicar y expresar a los demás tus emociones y tus inquietudes te hará  mostrarte tal cual eres y tomar consciencia de si tu grupo te potencia o te limita.

Deja un comentario

Your email address will not be published.

top