Conocí la palabra vocación y lo lejos que estaba de ella

Ha llegado el momento de elegir carrera universitaria para labrarse un futuro digno y lleno de posibilidades. Pero ¿qué carrera elegir? No sé lo que me gusta y de lo que veo nada me llama la atención. Bueno, preguntaré a mis amig@s, parece que salvo contadas excepciones muchos están como yo. Hablaré con mi familia, según me cuentan es importante elegir algo que tenga muchas salidas y dé dinero. Sin embargo, de lo que veo, no hay nada que me apasione así que elegiré algo que no sea muy complicado y que guste en el seno familiar.

Si te suena esta situación, no te preocupes. Formas parte de la mayoría de los jóvenes que durante años han deambulado por las universidades con un futuro incierto. 

Aprovechando que esta semana pasada han sido los exámenes de acceso a la universidad, la PAU, anteriormente la Selectividad, me gustaría reflexionar sobre mi historia personal y lo que he descubierto hasta hoy.

Preguntas como ¿por qué nos cuesta tanto elegir una carrera? o ¿qué es lo que ha hecho que los estudiantes vivan este momento, llenos de incertidumbre y preocupación? siempre han merodeado por mi cabeza. Esas preguntas me han llevado a buscar respuestas.

Si indagamos en diferentes estudios realizados que hablan sobre la dificultad de elegir una carrera en los jóvenes, se observan principalmente las siguientes causas:

  • La presión familiar de los padres que desean que sus hijos estudien una carrera que dé dinero y tenga muchas salidas profesionales, o que continúen la tradición familiar.
  • La falta de conocimiento de uno mismo, es decir, muchos jóvenes a esas edades, aún no han identificado, sus capacidades ni sus habilidades. Tampoco tienen una meta en la vida. Si les preguntas, su meta es hacer una carrera y terminarla, pero no hay nada más allá. No encuentran verdaderos motivos que lo muevan. 
  • La inseguridad y la crisis de la adolescencia. Durante esas edades, los jóvenes sufren infinidad de cambios, sobre todo a nivel psicológico, ya que están en pleno desarrollo de su Yo, construyendo sus relaciones, su vida, que los hace vivir estados de ánimo muy cambiantes y, por lo tanto, estar muy indecisos.

Si miro hacia atrás, observo que tenía todas las papeletas para no tomar una óptima decisión y así fue. Se puede decir que, cuando llegó el momento de elegir, decidí que otros eligieran por mí, el entorno, la familia y los amigos. Aunque hoy viéndolo con perspectiva, me doy cuenta de que todo lo que he hecho en mi vida me ha llevado hasta este punto, de haber reinventado mi vida laboral y haber encontrado mi vocación.

Sin embargo, si tuviera la posibilidad de viajar hacia atrás en el tiempo en un Delorean como en Regreso al futuro y pudiera elegir una fecha a la que volver, sin lugar a dudas, escogería el momento previo a la universidad. Para mí, es uno de esos momentos claves en mi vida, ya que andaba muy perdido y no sabía cómo orientarme.

Recuerdo momentos de estrés y de preocupación por no encontrar esa carrera que me apasionara. Es más, evitaba pensar en ello durante todo el año. Conocí la palabra vocación y lo lejos que estaba de ella. Llegué a creer que eso de la vocación era solo para algunos afortunados, que yo me tenía que conformar como la mayoría en hacer algo que no disfrutaba pero que me permitiera vivir. He aquí el comienzo de unas creencias limitantes que se fraguaban en mi interior. Me llevó muchos años darle la vuelta a estas creencias y darme cuenta de que cada persona tiene una o varias habilidades que lo hacen único y que, si las descubren, puede ser algo que les impulse a ponerlas al servicio de los demás y encontrar su vocación.

Entre todos los motivos que impiden tomar una buena decisión, se observa una retroalimentación entre ellos. La presión familiar hace que los jóvenes sean más indecisos y, por lo tanto, se conozcan menos. Esa necesidad de querer lo mejor para nuestros hijos y que no cometan los errores que ellos cometieron o que tengan la posibilidad de optar a algo que ellos no pudieron, lo que consigue es transmitir los deseos de los padres a los hijos, creando unas altas expectativas en los hijos que luego remitirá en un deseo de reconocimiento continuo que nos llevará a elegir pensando en el entorno y no en nosotros y, por lo tanto, a conocer el significado de la palabra FRUSTRACIÓN. Este mismo hecho hace que los jóvenes tengan problemas de seguridad en sí mismos, y duden más de ellos, y, por consiguiente, no se lleguen a conocer bien y sigan las directrices del núcleo familiar como un dogma de fé. Se convierten en humanos domesticados.

Investigaciones sobre las personas que han tenido más éxito en la vida, tanto a nivel profesional como personal, demuestran que no han sido ni de lejos los que mejores notas han tenido, ni los que mejores carreras han estudiado. De hecho, cuando se ha investigado sobre este asunto, se ha descubierto que las personas con éxito guardan en común una serie de cualidades:

  • Habilidades sociales que los hace tener mejores relaciones personales
  • Identificación de una meta. Suelen ser personas que saben lo que quieren conseguir, trazan un plan y perseveran hasta alcanzarlo sin importar lo difícil que sea 
  • Se reponen rápidamente de las adversidades 
  • Y son capaces de tomar decisiones en base a su propio conocimiento.

¿Qué nos quiere decir esto?

Que quizás nos estemos equivocando pensando que sabemos lo que es mejor para ellos, y tomamos decisiones por ellos en lugar de enseñarles a conocerse a sí mismos, y permitirles el error, ya que no hay aprendizaje sin equivocación.

Lo importante  de invertir tiempo necesario en ayudar a los jóvenes a conocerse a sí mismo, en conocer sus valores, saber las cosas que les motivan, descubrir sus habilidades o destrezas, dejar que tomen sus propias decisiones y para ello lo más importante es hacerles preguntas y escuchar sus respuestas. Que sean ellos los que busquen las soluciones y no dárselas masticadas.

Debemos crear una sociedad en la que cada ser humano ofrezca lo que de verdad sabe hacer, por muy utópico que suene a ciertos oídos, hoy en día la feroz competencia en el mercado así como las crisis económicas hacen del capital humano una cifra de gastos susceptible de eliminación. Así que si no queremos ser parte de este circo de esclavitud moderna, tendremos que saber realmente quienes somos, saber qué queremos alcanzar y qué podemos ofrecer al mundo. El talento humano y el valor que otorgamos a él será lo que nos diferenciará y potenciará nuestra marca como persona y trabajador.

Recuerda mi otra entrada. Tú puedes elegir ser parte del rebaño o convertirte en león.

Si te gustó esta entrada, no dudes en compartirla y hacer que llegue a más personas.

Para mí, hacer que las personas encuentren su pasión se ha convertido en mi vocación.  

2 comments

  • ¡Me encantan tus posts Alejandro! Un equilibrio entre ameno y cercano sin dejar de ser llenos de información real y práctico. ¡Felicidades!

    • Muchas gracias por tus palabras Joanne, me llenan de energía y de agradecimiento. Un fuerte abrazo

Deja un comentario

Your email address will not be published.

top