Nos empeñamos en tener en lugar de ser

Conocer las cosas que lo hacen a uno desgraciado, ya es una especie de felicidad

F. de la Rochefoucald

Conócete a ti mismo, si no has empezado a hacerlo, hazlo hoy, conócete, no lo postergues más. 

No hay mayor regalo en la vida que conocerse a uno mismo. Puede que nunca lleguemos a saberlo todo sobre nosotros, como nunca sabremos todo sobre la vida y sus circunstancias. Es un ejercicio de fe lo que nos da fuerza y sentido, sin esa fe sobre quiénes somos, nunca sabremos lo que podremos llegar a ser.

Cuando te conoces, eres capaz de identificar tu misión en la vida y, por tanto, luchar por una visión que sacará lo mejor de ti . Todo lo que haces empieza a tener un sentido, y eso hace que disfrutes del momento, ya que, tienes un por qué y un para qué, que trasciende al ser.
Marcarnos un camino no significa dejar de ser libre y encadenarnos a una vida rutinaria de constante sacrificio, sino ser consciente del  potencial que albergamos y luchar por algo que de sentido a tu vida.

A menudo, nos encontramos que la mayoría de las personas son especialistas en conocer a los demás, saben lo que necesitan, lo que desean y lo que tienen que hacer para que les vaya bien. Nos convertimos en expertos consejeros y críticos para con los demás, actuando eso sí, bajo el paraguas del bien y de lo correcto.

Y seguramente puede surgir ese pensamiento de qué somos buenos dando consejos, pero, malos aplicándolos a nosotros mismos. Y es que como decía en el post “¿Hasta cuándo serás capaz de aguantar?”, tenemos puesto el foco tan en los demás, que nos olvidamos constantemente de nosotros.

21349242_sMuchas personas pretenden alcanzar éxito y ser alguien en la vida siguiendo un camino marcado por el ego, es decir, en tener más, en alcanzar grandes sumas de dinero para luego gastarlo en grandes artículos. Pero, de verdad nos hemos preguntado ¿Para qué lo queremos? ¿Es de verdad útil todo eso? Puede que para determinadas personas lo sea, no lo pongo en duda, pero tendemos a pensar que ese es el ideal de vida, y para quien no lo consigue, la eterna sensación de fracaso, que le impedirá ver lo que realmente es importante y actuará desde el victimismo y los discursos de la mala suerte.

Pero claro, no nos conocemos, por tanto, no sabemos lo que queremos, luego, nos adueñamos de las necesidades de otros y las convertimos en propias, luego, nos desconfiguramos. Necesitamos reprogramarnos, y todo empieza con una pregunta ¿Quién soy? o ¿Quién creo que soy?

Este desconocimiento sobre nosotros, es lo que hace que en nuestra vida siempre nos persiga una “vocecita”, que nos dice que algo no anda del todo bien, y que invitamos amablemente a desaparecer, no le hacemos caso o le ponemos el silenciador para que no perturbe nuestra sensación de “felicidad artificial”.
Escuchar a la vocecita, significa enfrentarte a tu verdadero yo, 
a tus miedos y tus vergüenzas, a tu imperfección y a tu inestabilidad emocional pero también a tus virtudes y tus talentos a eso que te engrandece y que te hace ver lo que puedes llegar a ser. Solemos verlo como algo complejo ya que los miedos son nuestros primeros rivales, los que nos ponen a prueba y entonces llega la pereza y la procrastinación. Posponemos nuestro conocimiento sintiéndonos poco preparados, pensando que, cuando tengamos más, esa vocecita se apagará o cambiará su discurso.

Nos empeñamos en tener en lugar de ser. Incluso identificamos el ser con tener. Creemos que somos nuestra profesión, médico, abogado, electricista, experto en coaching y nos dejamos influenciar por nuestro oficio y lo que se espera de nosotros. Nadie es una profesión, se puede decir que, esa es la manera de ganarse la vida, pero me niego a ver en los demás, a títulos, carreras o profesiones. No somos nuestro currículo profesional, ni los éxitos que de ellos presumimos, somos mucho más, somos bondad, valentía, constancia, fe, serenidad, sabiduría, buen humor, entrega, vulnerabilidad, amor o cualquier otro valor con el que nos identificamos. Somos valores puestos al servicio de los demás.

Identificar lo que nos gusta y lo que no, saber cuáles son nuestras fortalezas y limitaciones, nuestros valores y creencias, conocer nuestras emociones y pensamientos, nuestras fricadas (rarezas) y nuestros sueños. Eso es lo que nos llevará a ser personas de éxito, no necesitamos grandes hitos, ni logros épicos. Descubrir nuestra esencia y enseñarla al mundo, eso es lo que verdaderamente te va a hacer sentir en paz contigo mismo. Dejarás de luchar a contracorriente y empezarás a fluir.

Imagina lo que seríamos capaces de hacer actuando desde nuestra esencia. Saber quién eres, te hará saber qué quieres, aceptar la diferencia, respetar a los demás y luchar por lo que amas desde la coherencia, eso será lo que te hará trascender y dejar huella. Tomaríamos mejores decisiones, elegiríamos mejores trabajos, tendríamos mejores relaciones afectivas, en definitiva seríamos más felices.

Ser en lugar de tener, actuar desde el interior (valores propios) y no desde el exterior (valores ajenos), por eso conócete, descubre quien eres, arriésgate, cambia, equivócate, aprende, desaprende y reaprende,  en definitiva, VIVE.

 

Arriésgate, cambia, equivócate, aprende, desaprende y reaprende, en definitiva vive

A. Molowny

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