Pedir ayuda no es síntoma de debilidad

 Pedir ayuda no es de cobardes , es un empujón que se necesita cuando tienes dudas para hacer algo

Anónimo

En plena crisis de valores, las estanterías de las librerías se llenan de libros de autoayuda. Las personas están buscando conocerse y aprender, aunque a muchos les cueste reconocerlo. Y si ya cuesta comprar uno de estos libros, imagina lo que cuesta pedir ayuda a alguien.

Tenemos la idea de que aparentar fuerza y autosuficiencia es lo que nos va a servir para afrontar las adversidades de la vida, mientras que sentirse inseguro y con miedo es síntoma de debilidad.

En una sociedad tan competitiva ,cuyo leitmotiv es, “no es país para débiles”,  hace difícil que las personas se muestren abiertas a pedir ayuda. Pero ¿qué precio pagamos por no pedir ayuda?

Bien y vos

DIBUJO: CORTA LA BOCHA

La soledad, ese es el precio que estamos pagando por no pedir ayuda. No hablo de soledad de estar solo, sino del sentimiento de soledad. Podemos estar rodeados de personas y sentirnos solos. Tendemos a aislarnos con nuestros pesares, convirtiéndonos en coleccionistas de cargas emocionales. Buscamos un espacio en nuestro trastero cerebral y vamos acumulando y acumulando, pensando que si no las tenemos presente, no molestan.

Y de cara a la galería, todo va bien, nos mostramos alegres y sacamos a relucir nuestra máscara, con el único aliado del tiempo, como cura para todo. El tiempo hace sanar las heridas, pero si las heridas no se han curado bien, puede que se infecten o vuelvan a resurgir, pero esta vez con más dolor e intensidad.

Hoy en día, se sabe el efecto nocivo que causan en nuestro organismo los desajustes emocionales, por ello, la importancia de tener una buena salud mental, que al igual que la física, se alcanza entrenando.

Ante cualquier conflicto, el primer paso es buscar en nuestro botiquín de herramientas personales, que hemos ido cultivando a lo largo de la vida, a través de la educación recibida y las experiencias vividas. Pero no siempre encontraremos ahí las medicinas para nuestro bienestar, en ocasiones, nos resultará complicado dar con el medicamento correcto, quizás porque lo desconocemos o porque es algo nuevo.

Este primer paso, lo hacemos casi de manera inconsciente. Sentimos alguna emoción que nos causa dolor, ya sea tristeza, rabia o miedo y buscamos lo que conocemos. Como te habrás dado cuenta al crecer, las adversidades empiezan a ser más frecuentes, y el tiempo de atención cada vez más escaso.

Pedir ayuda se convierte en una necesidad. Al igual, que cuando emprendes un negocio y te enfrentas a una situación desconocida, buscas asesores, en el tema personal pasa lo mismo. Pedir ayuda no tiene que significar solo ir a un terapeuta, pedir ayuda, puede ser hablar con tus familiares más queridos o tus amigos directos, personas que sabes que puedes confiar y contarles tus problemas. Simplemente con hablar y expresar lo que uno tiene dentro, sus miedos, penas e inquietudes, produce un efecto bastante reparador. 

Poner voz a nuestros pensamientos es una manera de tomar consciencia de lo que nos pasa. Contar lo que sentimos, dónde lo sentimos y qué nos causa esa sensación, nos dará pistas para saber lo que necesitamos y en qué estado se encuentra nuestro mundo emocional, el que no se llega a través de la razón sino por la intuición y el no juicio. 

Decía Galeano “Arránqueme, Señora, las ropas y las dudas. Desnúdeme, desdúdeme“. Esto es lo que pasa cuando nos abrimos a la emoción, una sensación de desnudo que puede parecer fragilidad, y de dudas, que atentan a nuestras creencias de autosuficiencia y seguridad. Y ¿A quién le gusta desnudarse? A pocos, por eso, es importante conocer las creencias que subyacen sobre la idea de pedir ayuda, para saber qué barrera necesitamos traspasar para sanar nuestras heridas. Dejemos de creer ser seres sabelotodo y convirtámonos en seres aprendelotodo. Y para aprender hay que desaprender. 

Muchos de los “fracasos” de las personas y empresas han sucedido porque no han tenido una actitud abierta a la hora de reconocer que necesitan ayuda. Por muy inteligente y preparados que estemos debemos aceptar que nunca podremos controlarlo todo y que a veces será más eficiente reconocer nuestra vulnerabilidad y rodearnos de personas que nos presten su ayuda. Por eso, es tan importante dar como recibir, sin equilibrio, nada puede durar por mucho tiempo.
En última instancia, la decisión tendrá que tomarla uno mismo. Que te presten ayuda no significa que tus problemas desaparezcan, sino que tendrás otra visión que te ayudará a tomar mejores decisiones. Además de hacer del mundo un lugar más amable y colaborativo.

Pedir ayuda no es síntoma de debilidad ni de falta de responsabilidad, pedir ayuda es reconocer que no lo sabemos todo y que necesitamos de los demás para aprender y crecer juntos. 

El mayor espectáculo es un hombre esforzado luchando contra la adversidad; pero hay otro aún más grande: ver a otro hombre lanzarse en su ayuda

Oliver Goldsmith

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