Somos un juguete roto

Cuando estés triste y sufras, repite tres palabras mágicas: esto también pasará

Alejandro Jodorowsky

La tristeza, esa emoción que tanto se intenta evitar en nuestra sociedad actual. Cuando nos sentimos tristes, pensamos que algo está mal dentro de nosotros, que somos un juguete roto, y que nadie quiere jugar con un juguete roto, por eso sentimos que nadie desea estar a nuestro lado y eso nos hace encerrarnos, aislarnos y esconder la tristeza para aparentar que todo marcha bien.

Las personas, cuando ven a alguien triste, suelen recurrir a frases vacías de ánimo del tipo “todo irá bien” “ya se te pasará” “no tienes porqué estar así” “al menos tienes….” Ponemos el foco en intentar que esté alegre porque pensamos que esa es la emoción positiva.

Pero, ¿de verdad necesitamos esas palabras?, es más, ¿necesitamos palabras? Nunca hemos intentado entender la tristeza, ya que nuestra sociedad la considera como algo negativo, como si cegara nuestra visión y nos impidiera ser nosotros mismos.

Las emociones no son ni positivas ni negativas, pueden ser más efectivas o menos, pero lo que se sabe es que son adaptativas, nos ayudan a adaptarnos a los cambios. Las emociones son importantes y cumplen una función vital en nuestro crecimiento y desarrollo como personas.

tristeza sin fondoLa tristeza nos alerta de que algo en nuestra vida no está yendo como quisiéramos, de que hay algo que choca contra nuestros valores esenciales y que debemos identificar para ponerle remedio. Es inútil intentar evitarla o huir de ella, ya que, aunque no lo creas, siempre te acompañará y hará que tu insatisfacción cada vez sea mayor y no sepas por qué.

La tristeza nos avisa de que un cambio se aproxima, y que, o podemos ser responsables de ese cambio, aceptarlo y tomar decisiones en consecuencia o dejar que ese cambio se produzca por sí solo, rechazarlo y vivir en continuo resentimiento.

La tristeza promueve un cambio hacia un lugar mejor, convirtiéndose en la antesala de la alegría. Es un momento de reflexionar, de conectarse con uno mismo, de sentir esa emoción, escucharla y preguntarse para qué la estamos sintiendo en lugar de porqué.

La tristeza mal gestionada, nos impedirá ver lo bueno que nos trae, si nos pasamos mirando mucho tiempo lo que hemos perdido, seremos incapaces de percatarnos de lo que podemos ganar. 

Alexander Graham Bell

“Cuando una puerta se cierra, otra se abre pero a menudo vemos tanto tiempo y con tanta tristeza la puerta que se cierra que no notamos otra que se ha abierto para nosotros”

Toda emoción tiene su razón de ser, y si la escuchamos sabremos entenderla, y por ende, conocernos más y entender a las demás personas cuando pasan por lo mismo. Generamos la empatía desde la compasión por uno mismo.

RECETA PARA SENTIR LA TRISTEZA

  • Cuando estés triste, sé compasivo contigo, no te culpes por sentirla. Intenta averiguar qué es lo que te está diciendo.
  • Sé responsable de tu tristeza. No dejes que otros tomen decisiones por ti. No te apegues al rol de víctima que necesita un salvador. Eso te impedirá desarrollarte y enfrentarte a las adversidades cuando éstas lleguen.
  • Siéntela, vívela, rodéate de ella, asédiala, escucha música triste. Es como un túnel que tienes que pasar irremediablemente antes de ver la luz, pero no cierres los ojos hasta que la luz aparezca, si no tu vida se llenará de túneles y pasarás más tiempo con los ojos cerrados que abiertos y te perderás los verdaderos aprendizajes.
  • Expresa y comparte tu tristeza. Poner voz a tus sentimientos y pensamientos te ayudará a entenderla y a liberarte de esa carga emocional. Solemos decir que estamos bien o mal, términos algo abstractos, aterricemos a lo concreto e intentemos usar el máximo de lenguaje emocional para explicar nuestros sentimientos.
  • No sólo definas lo que sientes, sino observa tu lenguaje no verbal, es decir, en qué parte del cuerpo lo estás sintiendo, qué forma tiene, que sensación te produce. El cuerpo habla más alto que tu voz, hacerle caso es primordial para entender lo que te sucede.

Nunca pensé que en la felicidad hubiera tanta tristeza

Mario Benedetti

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