Una conversación, cuatro enseñanzas

En la juventud aprendemos, en la vejez entendemos

Marie von Ebner Eschenbach

Hace unas semanas, tras una conversación festiva con mi abuelo de 89 años, sobre su vida y sus experiencias, se ha quedado anclado un runrún en mi cabeza que ha acabado con la siguiente reflexión, que hoy comparto a modo de cuatro enseñanzas fundamentales , que extraigo de dicho coloquio, más lo que ya venía rumiado por mi mente dese hace tiempo. 

1.- Preocuparse es quitarse años de vida

Haciendo análisis de su vida, me comentaba que ha sido feliz y que ha aprovechado su juventud. Sin embargo, en ocasiones, se notaba en sus palabras un tono amargo y vacilante. De alguna manera hacía referencia a la idea de no haber tenido más alegrías debido a su “necesidad de preocuparse”. Me hizo recordar la siguiente frase de René Descartes momentos antes de su muerte:


Mi vida está llena de preocupaciones, la mayoría de las cuales no sucedieron jamás



Preocuparse es inherente al ser humano, y mucho se ha escrito y estudiado sobre esta temática, sin embargo, seguimos actuando de la misma manera, salvo que nos suceda alguna situación traumática o reveladora. Hablar con mi abuelo fue una situación reveladora para mí. Intentar ser más consciente de que preocuparte no te asegura controlar tu futuro, ni tu destino, ni vivir mejor. Simplemente te bloquea para que no puedas disfrutar de las pequeñas alegrías y vivir nuevas experiencias.

Por tal motivo, es importante saber disfrutar y celebrar, celebrar y celebrar todas esas pequeñas alegrías que tenemos cada día, por muy pequeñas que sean. Este gesto puede cambiar toda nuestra vida. 

2.- Cada etapa de la vida tiene sus propias necesidades

Me comentaba que cada etapa de su vida, su cuerpo y su mente le pedían cosas diferentes. Que no siempre lo que uno prevé que va a necesitar es lo que necesitará cuando el momento llega. Que, en ocasiones, es mejor esperar que la vida te vaya mostrando cual será el siguiente paso a dar. Tener paciencia, saber estar atento a las señales y no precipitarse.

No siempre vale ir por la vida como si sólo se tratara de aplicar lo que ya sabes, porque la vida, por norma general es quien te enseña el camino a seguir. 

El cambio es parte de nuestra vida y no siempre vamos a poder generar los cambios que deseemos. Hay momentos que la vida se tuerce y nos trae circunstancias aparentemente negativas, pero hay que saber que todo, absolutamente todo lo que nos pasa, es una invitación para crecer y aprender algo que la vida nos demanda. Al menos, así me gusta creerlo.

La vida es muy diferente a la escuela. En la escuela primero aprendes la lección y luego te ponen la prueba. En la vida te ponen la prueba y luego aprendes la lección

Anónimo

3.- Conversar con personas sobre asuntos profundos es ganar tiempo de vida

Hay muchas maneras de medir el tiempo, a mí me gusta medirlo en instantes de vida. Y creo profundamente que charlar de temas trascendentes y compartir experiencias y enseñanzas que uno ha ido teniendo a lo largo de la vida es la mejor forma de ganar tiempo y además, de iluminar almas. Dicen que educar no es llenar un recipiente sino encender una llama, y esa debería ser la intención de todas nuestras conversaciones, encender, avivar esa llama para que todos alumbremos lo máximo posible y demos luz a otros.

No hay nada de malo en compartir luz y hacer de este mundo un lugar en el que se pueda brillar y, por ende, vivir y no sólo sobrevivir como estamos acostumbrados. 

Fue el tiempo que pasaste con la rosa la que le hizo especial

Antoine de Saint-Exupéry (El principito)

4.- Al final lo que importa es el amor

Durante la mayor parte de nuestra vida adulta la pasamos poniendo el foco en el exterior, en alcanzar un determinado estatus social, un mejor puesto/trabajo, una mejor casa. Es como si nos olvidáramos del contenido y solo nos preocupáramos del contexto y hasta que ese contexto no sea el adecuado no se podrá disfrutar del contenido. Y cuando hablo del contenido, hablo de la familia, los amigos, los pequeños detalles del día a día. De alguna forma le damos la espalda al amor para en un futuro disfrutar de él.

Al final cuando alguien está en el atardecer de su vida, solo recuerda momentos en los que hubo amor, y momentos en los que hubo pero que no se expresó como debía , ya sea por miedo o por ceguera emocional.

Que distinto sería si nos diéramos cuenta en cada momento de ese amor que tenemos y el que podemos ofrecer. Si en nuestros encuentros con los demás nos dejáramos de juicios y miedos y nos concentráramos en ofrecer lo mejor de nosotros. En ser un poco más bondadosos y generosos. En hacer la vida un poco más fácil a los demás, aunque a veces, de la impresión de que nos empeñamos en hacer todo lo contrario.

Puede que el amor no haga girar al mundo, pero debo admitir que hace que el viaje valga la pena

Anónimo


Espero que algo de lo escrito haya podido avivar alguna llama por pequeña que sea y que esa llama sea capaz de contagiar otras. De eso trata todo esto que llaman, vida, felicidad, amor o paz. De contagiarse el uno al otro y hacer que la otra persona encuentre su propia luz y pueda así brillar y dar luz a este mundo que tanta falta le hace. 

 

Anímate a comentar o compartir este artículo, me interesa mucho tu opinión.
Me puedes encontrar en facebook o twitter 

Deja un comentario

Your email address will not be published.

top