Caminando por tierra fértil

Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo 

Eduardo Galeano

No importa lo pequeño de tu idea, de tu acción o de tu pensamiento, pero una cosa es segura. Si nace de la bondad, alguien, en algún lugar, en algún tiempo, se hará eco de ella y engrandecerá su vida.

Las personas estamos en constante gestación de ideas o pensamientos que pueden convertir nuestro pequeño desierto en pequeños oasis. Las ideas parten de preguntas que aún no han obtenido la respuesta adecuada. Aquello que nos cuestionamos se convierte en la manera en que nos gustaría avanzar por la vida.

Nelson Mandela despertó el día en que su madre le dijo que por el mundo transitaban tres tipos de personas. Las personas que pasan y dejan un mundo peor que el que tenían. Las personas que pasan y dejan el mundo igual o las personas que atraviesan el mundo y lo dejan mejor de lo que era.

Creo que esa es la primera pregunta que nos deberíamos hacer:

¿Qué clase de persona quieres ser?

Todos hemos repetido hacia dentro o hacia fuera esa expresión de querer vivir en un mundo mejor. No se trata de realizar grandes gestas ni de movilizar sociedades, sino de sembrar con acciones concretas y bondadosas cada paso que des. Porque de tu huella dependerá crear espacios fértiles donde otros puedan también sembrar.

Desde lo pequeño y lo cotidiano uno puede realizar grandes hazañas. Siempre tenemos la opción de elegir. Podemos elegir nuestra actitud, así como nuestro comportamiento y nuestro humor. Si con cada persona que nos encontramos ofrecemos lo mejor de nosotros, ya sea una sonrisa, un abrazo o un “pase usted primero” estamos caminando por tierra fértil, sin embargo si elegimos poner mala cara, ofender o “paso yo primero” generamos infertilidad.

Las personas albergamos desierto y oasis en nuestro interior. Según lo que decidamos compartir, la travesía se vuelve más o menos acogedora. El oasis nace del afecto, la confianza y el respeto. No del que recibes, sino del que ofreces. Porque no hay acto más egoísta que reservar lo mejor de uno para unos pocos.

Lo que entregas te lo regalas y lo que te guardas te lo arrebatas

Todas las personas que pasan por tu vida se merecen lo mejor de ti, tu refugio. Sin miedo a que se quiebre o se desmorone, ya que aunque no te den lo que esperabas, te enseñarán algo que necesitabas aprender. 

No somos islas desérticas, somos manantiales esperando a encontrar tierra fértil que regar y dejar tras nuestro paso un lugar más bello. Construyamos puentes de afecto entre nosotros para que nuestro paisaje empiece a cambiar. Y los desiertos no desaparecerán, pero los oasis se convertirán en pequeños remansos de paz y abundancia que darán sentido a nuestra travesía.

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