Llámame soñador pero no me despiertes

La vida es sueño y los sueños, sueños son

Calderón de la Barca

Y es que uno vive lo que desea vivir, sin importar si es real o ficción porque aquello en lo que creemos se convierte en nuestra realidad. 

Los que apostamos por perseguir nuestros sueños y vivir soñando elegimos una manera de vivir creyendo que podemos ser artífices de nuestro propio destino. Nos acusarán de soñadores, pero por favor, no traten de despertarnos porque vivir soñando es nuestra manera de permanecer despiertos en un mundo más profundo y auténtico como es el de nuestro inconsciente, que al fin y al cabo es quien maneja los hilos de nuestra imaginación y quien hace real lo irreal. 

Muchos soñadores acaban por ser despertados para vivir en una caverna, como la de Platón. Viviendo en medio de un desfile de siluetas e imágenes creadas con el fin de entretenernos y evitar volver a caer en los sueños. 

Porque soñar es sinónimo de libertad y la libertad atenta contra quienes se empeñan en establecer un marco de lo posible y lo imposible. Porque los sueños tienen la capacidad tanto de derribar muros como de sobrevolarlos y porque quien elige soñar, elige guiarse por esa brújula interior que marca el corazón.

Llámame soñador pero no me despiertes

Por ello, ten muy presente que para ser fiel a ti mismo y a tus anhelos tendrás que decepcionar a unas cuantas personas. Pero ¿Seremos capaces de traicionar a la sociedad o a nuestros seres queridos, por ser fiel a nuestros sueños? Esa es la cuestión. Tomar esa decisión es lo que te convertirá en valiente. Y valiente son las personas que deciden vivir por encima de sus sueños.

Decepcionar a otros puede ser un mal trago, un mal menor, un daño colateral o como se quiera llamar, necesario para poder rendirte pleitesía y por tanto ser digno de confianza. Porque una persona fiel a sí misma aleja a muchos que aportan poco pero atrae a pocos que aportan mucho y tarde o temprano recupera a aquellos que una vez se sintieron decepcionados.

Y aunque no vuelvan, uno puede recuperarse de ese malestar. Pero de lo que uno no puede recuperarse nunca es de haberse decepcionado a sí mismo. Eso no tiene cura y además se contagia con excesiva diligencia. Sus síntomas son; búsqueda de culpabilidad y rencor perpetuo. Y seamos sinceros, quien alberga mucho rencor hacia afuera es porque hay algo que no se ha podido perdonar hacia adentro, normalmente el haber renunciado a sus sueños.  

Se trata de despertar pero dentro de nuestros sueños para poder vivir una vida real y honesta. Y así, al final de nuestros días poder llegar con esa sensación de respeto y amor propio por haberte elegido a ti en primer lugar.

No me interesa saber si lo que me cuentas es cierto. Quiero saber si puedes decepcionar a otra persona para ser fiel a ti mismo; si podrías soportar la acusación de traición y no traicionar a tu propia alma; si eres capaz de ser desleal y, por lo tanto, digno de confianza

Extracto del poema La invitación ORIAH MOUNTAIN DREAMER

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