La revolución afectiva

El afecto de la gente me hace vibrar el corazón cada vez como si fuera la primera.

Ella Fitzgerald

Todos nos movemos en la búsqueda de afecto y amor. Lo que hacemos, lo que decimos, cómo nos comportamos y actuamos no es más que para encontrar ese afecto, ya sea familiar, de amistad o de trabajo.

Es algo que nos viene desde pequeño y por nuestra condición de seres humanos. Sin afecto no podríamos sobrevivir en este mundo.

Es por eso que nos hemos creado ciertas máscaras y ciertos roles, según cómo hemos aprendido desde pequeño a recibir o buscar el afecto. Unos muestran una gran responsabilidad, otros una gran sociabilidad. Algunos desarrollan un carácter muy servicial y otros un carácter más autoritario.

Entender que todo lo que hacemos proviene de la necesidad vital de buscar el afecto es lo que nos hará entender que cada persona carga con un pasado y experiencias propias que le han forjado ser de una manera determinada y que ninguno es mejor que nadie. 

Es por eso que hoy más que nunca estamos en la obligación de iniciar una revolución, la revolución afectiva. Esa que dispara abrazos y que despierta sensibilidades. Esa que susurra al mundo que no es lugar para almas errantes. Esa que golpea y noquea al miedo diciéndole, ya está bien, tu turno pasó, ahora es momento de que el corazón tome la delantera y pase a liderar la carrera de tu vida. Esa carrera que va de más a menos en velocidad pero de menos a más en disfrute. 


¿A QUÉ ESTAMOS ESPERANDO? 


Imagínate una vida rodeada de gestos de afecto. De cenas con amigos y botellas de vino. De cafés y conversaciones con alma. De llamadas o notas de audio inesperados a personas que hace tiempo que no sabes de ellas. De elegir sonreír y abrazar a tu pareja en lugar de reprochar. De agradecer al coche que te cede el paso o viceversa. De querer encontrarte con tu vecino y sonreírle y no intentar rehuirlo. Se trata de ir dejando pedazos de tu alma allá por donde pases para que andes por la vida como en casa.

Un mundo en el que la empresa no solo te pague con dinero, sino con afecto, con comprensión, con atención sabiendo que cada persona es única y especial. Porque lo mejor del ser humano (su creatividad, su imaginación, su entusiasmo, su compasión, su compañerismo, su sensibilidad)  no se compra ni se vende sino que se regala. 

Empecemos por nosotros mismos, hablémonos desde el amor y la aceptación. Recordando que somos buenas personas y que pese que en algún momento de la vida fuimos heridos, ya ese dolor pasó, y nos enseñó que no podemos esconder lo mejor de nosotros porque la vida es compartir y si no compartimos amor, ¿qué estamos compartiendo? 

La piedra ya está lanzada. Ahora está en el tejado de cada uno que está leyendo esto. La revolución afectiva (is coming) está acercándose y ya el mundo no será igual, será mejor, más amable, más humano.

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