Nacer ya es una aventura y vivir no tiene que ser menos

El mundo está dividido en dos tipos de personas. Los que aprecian la regularidad de una vida ordenada y prefieren insertarse en el puesto que la sociedad les ha preparado, de forma que no se vean obligados a tomar continuamente decisiones y los que quieren tener el control de lo que hacen, cuándo y a qué ritmo lo hacen, y encuentran placer en las sorpresas, la variedad y la improvisación.

Theodore Zeldin

Y es que esas dos personas habitan en nuestro mismo ser, actuando como las dos caras de una misma moneda. Unas que ansían certidumbre frente a otras que se mueven como pez en el agua en la incertidumbre. Ninguno es excluyente pero ambas se necesitan. Sin embargo llevamos muchos años alimentando e inflando el modo confort que ahora sufre de obesidad y de inacción.

Venimos de períodos donde la estabilidad era el rey. En las escuelas, casas y universidades se nos enseñaba según este parámetro, donde el entorno era predecible y seguro. Pero resulta que los tiempos están cambiando y ahora se ha instaurado en el poder la incertidumbre. Muchos aún viven negándola. Repitiendo viejos hábitos. Empeñándose en tener una vida según antiguos paradigmas.

La estabilidad es necesaria pero en exceso mengua nuestras ansias de volar. Convierte lo predecible en un remanso de seguridad y lo impredecible en un riesgo innecesario. Por eso seguimos cultivando relaciones que no suman, generando compromisos que no deseamos, tomando decisiones por miedo  y votando a los mismos que nos roban. Y reconozcámoslo, al final el miedo es quien nos dirige. 

Con nuestro cuerpo a salvo, la lucha ocurre en nuestro interior. El alma no entiende de seguridad sino de libertad. Se nutre de nuevas experiencias, relaciones y retos. Necesita sentir, cada cierto tiempo, ese cosquilleo que activa su universo interior. Y busca en lo desconocido un lugar para expandirse y recordarte que tuya es la decisión de pasar por encima de la vida o que la vida pase por encima tuya

Nacer ya es una aventura y vivir no tiene que ser menos.

Por cada vida vivida en continua estabilidad un alma se suicida. Nuestras constantes vitales nos avisan, hay vida cuando hay movimiento. Y vivir sin haber explorado lo mejor que tenemos es simplemente pensar en la supervivencia corporal y olvidarse que lo verdaderamente importante es la supervivencia del alma. Lo primero te hace estar en eterna lucha y lo segundo en aceptación de lo que ya eres. 

No reniego de la estabilidad sino que creo que es tiempo de volver a mirar la vida con otros ojos. De reconciliarnos con nuestro niño interior y hacer de la curiosidad y la aventura una forma de vida que potencie nuestro coraje y valentía. Porque la era del miedo ya ha pasado, dejemos que el amor coja las riendas y nos enseñe lo que es vivir. 

Mis semanas necesitan -a veces- alguna herida, algún golpe en la línea de flotación. De este extraño modo me equilibro

Marwan

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