Las grandes aventuras no esperan invitación

No hay nadie menos afortunado que el hombre a quien la adversidad olvida, pues no tiene oportunidad de ponerse a prueba

Séneca

Las adversidades nos acechan desde que nacemos. Pero lejos de evitarlas y levantar un fuerte para que no entren, debemos de salir y afrontarlas. Y es que las adversidades siempre serán más grande que cualquier muro que edifiquemos ya que no son más que aventuras disfrazadas de contratiempos. Y acabarán por derribarlos, porque las grandes aventuras no esperan invitación sino que se presentan y pasan sin previo aviso.

No hay aventura sin peligros al igual que no hay vida sin muerte. Por eso, mientras antes aceptemos la llamada más cerca estaremos de eso que llaman vida. Todo lo que no sea afrontarlo será ir dando vueltas sin sentido, caminando entre depresiones y vacíos existenciales. Ya que si no enfrentas la adversidad no conocerás hasta dónde serás capaz de llegar con tu corazón. 

Escuchar a nuestro corazón se convierte en la auténtica aventura. De eso trata esto  de vivir, de aprender abrir nuestro corazón para dejar entrar y permitir salir. Esto incluye aceptar que el dolor y la alegría son caras de la misma moneda. Y que mientras más expuesto estés a experiencias diversas, más entenderás la mecánica del corazón.

Esa que funciona cuando las almas, libres de juicio, se juntan y comparten. Comparten lo bueno, lo malo y lo regular porque en ocasiones compartir lágrimas es más reparador que compartir sonrisas. Y darte cuenta que no hay mayor tesoro que tener con quien compartir todos esos ratitos que el corazón te ofrece y juntos hacer sonar esas melodías mágicas que puede que no te den respuestas pero hacen de pequeños instantes, momentos memorables.

Recuerda que quien construye fuertes opta por el camino de mentiras confortables hacia una única dirección, lo previsible, mientras quien afronta las adversidades elige caminar por senderos de verdades incómodas, rumbo desconocido, pero esencial. Y puede que lo incómodo no sea agradable pero siempre será mejor un puntual sufrimiento estrepitoso que un eterno sufrimiento silencioso.

Sabiendo esto, ¿seremos capaces de abrir la puertas de nuestro fuerte? ¿Seremos capaces de apreciar la belleza más allá del sufrimiento? Habrá que ir dejando atrás viejos pensamientos y empezar a aceptar que el dolor es parte del peaje que a veces se paga para poder ver la vida con otra mirada, más contemplativa, más amable. Y mientras más miradas de ese estilo crucemos más espacios donde sembrar más belleza y poder caminar con la sensación de que el tiempo juega a favor de los que mantienen sus corazones despiertos.

El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional

Buda

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