Las personas bonitas

Stand By Me – Stringspace Orchestra

Hay gente que pasa pero no entra. La gente bonita pasa, entra y se queda para siempre

A veces conoces a personas con las que desnudarse es un placer. Personas que con su mirada te empujan a compartir y a sentir juntos. Personas que te ayudan a creer en ti en lugar de a dudar. Personas que dejan sus máscaras a un lado para hacer de lo cotidiano algo memorable. Y esas personas no se encuentran muy lejos. No hay que buscarlas. Simplemente aparecen cuando empiezas a ver que están a uno o dos abrazos de distancia.

Cuando charlo con alguien, no solo escucho lo que dice, sino que trato de entender por qué lo dice, cuál es su historia, de dónde viene, qué le ha hecho pensar así. Y luego lo miro y veo toda su belleza.
Sus marcas en la piel y en el alma. Sus brotes de ira. Su sensibilidad.
Y entiendo que solo necesita de alguien que le comprenda, sin emitir juicios.
Que le permitan expresarse tal cual siente. Sin medir ni pensar las palabras.

Una vez una amiga me dijo algo muy bonito: 

-“Tú Ale, eres una persona llavero”
-¿Llavero?
-Sí, para poder llevarte siempre conmigo. En mi bolsillo.

Se me quedó grabada esa expresión. Personas llavero.
Personas que portan llaves. Que abren puertas que otros jamás han visto. Personas que te hacen sentir en casa en cualquier lugar. Que te recuerdan quién eres por muy perdido que andes. Que te acompañan sin importar el destino, bien cerquita de ti. 

Simplemente están a tu lado. Recordándote que delante tienes otra personita, no muy diferente a ti, con inmensas ganas de seguir explorando juntos. Haciendo de la compañía un lugar de vida, un hogar.

Y cuando te rodeas de esas personas llega la inspiración. Y tu alma se prepara para expresar tu poesía. Para ver belleza en cualquier lugar. Para que tu corazón empiece a dejar huella. Para ser mejor persona.

Todos somos potencialmente llaveros.

Se trata de quitar corazas y máscaras.
De desnudar corazones.
De enseñar las cartas y decir “Estas son las mías” no tengo más as en la manga que mi honestidad. 

Se trata de hablarnos con más te quieros. Ya sea con un regalo, un gesto, un abrazo espontáneo o una mirada de cariño cómplice. Esas cosas que se sienten y se notan.  Porque cuando quieres a alguien se tiene que notar en tus palabras, en tus ojos, en tus actos, en tus brazos y en tus entrañas.

Aprendamos a ver a los demás con esa curiosidad de abrir puertas en lugar de cerrarlas prejuiciosamente.
De prenderte de sus luces pero entusiasmarte con sus sombras.

De querer tocar sus manos y abrazar su alma.
Porque todos tenemos rincones donde no somos lo que decimos ser. Donde escondemos nuestras mentiras y contradicciones. Pero, ¿sabes qué? Hay gente que cuando descubre eso empieza a aprender amar. Y a todos, como especie, nos ayudaría una barbaridad saber amar.

Que la vida pasa muy rápido como para estar luciendo una armadura reluciente cuando lo que vislumbra es aquello que escondes. Que parece algo roído y descolorido pero que es auténtico. Y quien es capaz de llegar a eso obtiene el verdadero tesoro. Tu esencia.


LAS PERSONAS BONITAS

Personas que van, que vienen y que regresan.
Personas que entran, miran y vuelven a salir.
Personas que acuden refugiándose del temporal y cuando el tiempo escampa, huyen.

Y luego están AQUELLAS personas.
Las personas bonitas.
Las que te hacen sentir como en casa.
Las que pasan y se quedan a mirar el final del partido juntos.

Las personas bonitas pasan, entran y se quedan para siempre.

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